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Lo que necesitas saber sobre la relación entre emociones y alimentación

El acto de comer va mucho más allá de simplemente sentirnos saciados, cumplir con los requerimientos nutricionales o por un acto de supervivencia. La relación entre emociones y la alimentación es tan profunda, que el intestino es conocido como “nuestro segundo cerebro” debido a que las emociones influyen en lo que comemos, así como, lo que comemos también pueden influir en cómo nos sentimos. En el intestino viven aproximadamente 100 millones de neuronas que están concentradas en su mayoría en el proceso de digestión, pero también, se ha comprobado que pueden influir en situaciones emocionales.


En este caso, las personas que puedan tener sobrepeso en sí la causa no es directamente la emoción sino la forma de gestionar sus emociones o su modo de afrontamiento de las situaciones que le generan malestar.




Emoción y alimentación


Comer está influenciado por diversos factores socioculturales, religiosos, económicos, geográficos y por la habilidad para gestionar emociones. Verás, la comida está relacionada con el placer, comer es placentero, por esta razón cuando estamos cansados, agobiados, aburridos podemos ir en busca de comida. El problema está en que el repetir esta conducta de forma frecuente nos va a traer consecuencias negativas para nuestra salud, porque cada vez que te sientas estresado, preocupado, enojado, triste vas a ir a “solucionarlo” o a “calmarte” a través de la ingesta de alimentos, cayendo en un círculo vicioso de preocupaciones que no se resuelven. Las emociones no se gestionan comiendo.


En el intestino se produce el 95% de la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad, que esta involucrada en los procesos de regulación del apetito, sueño, las emociones, la digestión y la conducta. Puedes notar su influencia en los momentos que estas muy estresado, esta hormona puede estar alterada haciéndote sentir mucha más hambre, teniendo insomnio o viceversa, teniendo menos hambre, comiendo más poco y tal vez, durmiendo en exceso. El padecer insomnio altera las hormonas que elevan el deseo de ingerir alimentos (la grelina y leptina), haciendo que tengas más hambre, convirtiéndose en un factor que influye en la obesidad.


También, vemos la repercusión de la serotonina cuando estamos ansiosos o con muchas emociones reprimidas y comenzamos a tener problemas con la digestión, se puede llegar inclusive a tener el síndrome de colon irritable.


La dieta influye en nuestro estado emocional


Cuando estamos alterados y buscamos comer para sentirnos mejor, es porque muchos de esos alimentos pueden contener triptófano, un aminoácido que provoca la liberación de serotonina. Como lo mencioné anteriormente, la serotonina promueve la regulación emocional. Cuando el cuerpo no produce este aminoácido, lo conseguimos por medio de la dieta. Es necesario entonces, llevar una dieta saludable para sentirnos bien y mantener bajo control las emociones.


Por el contrario, una mala alimentación, rica en grasa trans, escasa en antioxidantes, con bajo valor nutricional va a alterar tu estado de ánimo pues no le estamos proporcionando a nuestro cuerpo los nutrientes que el necesita.


La clave está en el equilibrio



La alimentación ideal debe ser un equilibrio, tampoco decimos que no puedas comer más nunca comida chatarra o alta en azucares. Sino que haya un equilibrio en lo que haces en tu día a día, comer por emoción te impulsa:

  1. A comer más

  2. A elegir alimentos altos en azúcar

  3. Si no se resuelve, te hunde en un circulo vicioso sin que te des cuenta

La finalidad es consumir los alimentos cuando sientas un hambre real. La comida genera placer, pero no por ello vamos a comer cada vez que estemos estresados, dejándonos llevar por el hambre emocional. Recuerda que las emociones no se resuelven comiendo.


El hambre emocional suele desencadenarse por un estimulo emocional, es decir, porque estas aburrido, cansado, estresado, triste, enojado, porque te sientes solo, nervioso, etc. Aparece de forma repentina, sientes que tienes que comer inmediatamente, busca el placer en la comida por esta razón puedes comer sin sentir hambre o a pesar de estar lleno.


¿Qué hacer si tengo hambre emocional?


  1. Identifica si lo que sientes es hambre real o hambre emocional

  2. Si lo que sientes es hambre emocional, detalla que pensamientos y que emoción esta presente en ese momento

  3. Es el momento de decidir que respuesta dar al ser consciente de la situación que puede estar desencadenándola


Gestionar las emociones es necesario para nuestra salud

Sabemos que ahondar en nuestros sentimientos puede que nos produzca sensaciones displacenteras pero es la manera por la cual podemos liberarnos de ello. Si vivimos esas emociones de forma sana, no nos van a dominar, podremos romper el ciclo, porque cada vez que nos sintamos así, en lugar de ir a comer, nos vamos a sentar y a darnos cuenta que mensaje tiene para nosotros esa emoción ¿Qué nos quiere decir? Puedes buscar a alguien para hablar y contarle lo que te sucede, escribirlo, llevar un diario. Lo importante, es que seas consciente y rompas el circulo vicioso, ocupándote de tus emociones sin camuflarlas con la comida, porque sabes que eso solo produce un alivio temporal, porque el malestar seguirá allí. Ya que no ha sido resuelto.



En conclusión:

Si dejamos que ante cada emoción nuestro cuerpo ingrese comida, terminaremos con un exceso de calorías que a largo plazo puede desencadenar sobrepeso y posibles problemas de salud. Tu tienes el control sobre ti y tu cuerpo. Aprende a detectar las señales y a gestionar de otra manera lo que sientes. Lleva una dieta saludable no solo por tu bienestar físico sino por tu salud emocional.


No empieces una dieta pensando que día la vas a terminar, en lugar de ello, comienza un estilo de vida saludable que dure toda tu vida
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